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“Para hacer de una visión una realidad, has de estar dispuesto a hacer todo lo preciso para que ocurra.”
Esta frase cargada de reflexión, marca el inicio de una larga conversación que sostuve hace unos días con un entrañable amigo: Alfonso Vázquez Olivas, mejor conocido por propios y extraños como “El Poncho”, con quien he compartido muchos años en las aulas desde los tiempos en que cursábamos la preparatoria, en la legendaria Marcelo Rubio, donde destacó como declamador y donde se inicia de manera activa tanto en el ámbito cultural como en la militancia clandestina de izquierda, cuando ser izquierdista era considerado un crimen contra el estado, militancia que al final de cuentas fue parte medular de su esencia juvenil. Después, nos encontramos cursando la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Baja California Sur, donde participa de manera activa en el teatro, una de sus grandes pasiones, y también es la época de arduo trabajo, donde se enfrasca en una constante lucha por sacar adelante a sí y a su familia, sin perder ese feeling, que lo marcaría de por vida.
Como surge el nombre de las Varitas. Esto ocurre en los albores de los ochenta, cuando la juventud llena sus ansias construyendo castillos en el aire y se esfuerza por hacerlos realidad. Hoy, junio de dos mil cinco, otro siglo, otro milenio, mismo ímpetu, en esta charla a veintidós años luz de que Poncho atrapa una de esas pompas de jabón que los soñadores suelen poner a ingravidar sobre sí mismos, de viva voz nos va deshilvanando, uno a uno, los hilos de sus memorias y pensamientos mas íntimos, y los va sirviendo en la copa tequilera de los recuerdos que brilla frente a nosotros, Herradura reposado, por cierto, bajo el tenue arrullo de la brisa marina de un conocido local playero. Durante la charla, inevitablemente toca el tema sobre el surgimiento de uno de los lugares consagrados por un sector joven de la sociedad paceña, que noche a noche se da cita con el rock: Las Varitas y, desde luego, también nos reseña entre renglones, gran parte de su vida personal, sus cosas, sus locuras, sus fobias… sus amores.
Es una de esas noches paceñas creadas para una buena plática. Alfonso Vázquez, otea el horizonte. Da un parsimonioso sorbo a la copa de reposado que entibia en su mano. Sorbe con fruición y expira una leve sonrisa. Distiende sus pulmones y se anima a abrir las puertas de sus vivencias “además, las cosas creo que no funcionan si no tienes un gran optimismo para emprenderlas…” -nos dice-, y yo, -continúa-, pues la verdad es que estaba en uno de esos momentos de la vida en que los factores se revolucionan y se transforman. Eran los principios de los ochenta, por allá en mil novecientos ochenta y tres, y entre otras muchas circunstancias me encontraba desempleado.
No había un drama a mi alrededor ni una tragedia por este motivo. Al contrario. Cuando tienes la juventud encima y encausas bien toda la energía que te brinda esa edad, nunca habrá obstáculo para salir adelante.
Estaba desempleado, pues me acababan de liquidar de una Secretaría del gobierno donde prestaba mis servicios. Dicha Secretaría había sufrido una trasformación y un severo recorte presupuestal, de ahí que me quedé sin empleo, lo que se puede decir un empleo “formal”; había dejado de ser burócrata pero realmente yo seguía trabajando. Desde los doce años de edad empecé a trabajar en la electricidad y soy técnico electricista. Incluso trabajé en la construcción de la termoeléctrica… así que un fenómeno como lo es el del desempleo no era un trauma para uno, porque como quiera que sea, podía realizar trabajos de electricidad y cuando no había trabajos de electricidad, pues me salía a las calles a vender vajillas, ollas, sartenes… Yo vendía ollas en las calles, vendía zapatos… o sea, buscaba la manera de subsistir, y lo lograba. Con mucho trabajo, pero salía adelante… ah, pero en las tardes, con todo el placer y el gusto del mundo nos íbamos a hacer obras de teatro con el Tuto Castro.
Ya habíamos montado varias obras y nos habíamos presentado en varios foros del estado y del país. En esos momentos, el grupo de teatro lo integrábamos el Tuto Castro, Alejandro Merino, Adriana Araceli, una joven delgada que era muy alegre, muy carismática, muy optimista y bastante guapa, comentarista de televisión del Canal Diez, y yo. Entonces nosotros teníamos obsesión por la vida, por hacer cosas, entrar en una etapa creativa dentro del arte… y fue precisamente en uno de esos momentos, cuando estábamos haciendo los ensayos en una obra de teatro, llega a visitarnos la tía del Tuto Castro y me dice:
-Oye, Poncho, ¿a qué te dedicas?.
–¿Yo? Al teatro… y a vender ollas-, le dije.
-¿vendes joyas?-, preguntó, y yo le contesté:
No, joyas no. Ollas. Yo vendo ollas en las calles.
-¡Ah, bueno¡-, exclama, -es que yo tengo una palapita, -me dice
-. Si quieres ir a verla para que ahí vendas taquitos, agua de tamarindo, aguas frescas… ven… Entonces yo dije, bueno, me interesa, vamos a verla.
Fuimos a verla el Tuto Castro y yo.
–A mí no me interesan esas cosas. Jala tú si quieres
-dijo el Tuto con aquel vozarrón que tenía.
Y en eso quedamos. Yo alquilaría el local de su tía, pero ya no tenía dinero para poner una taquería. No tenía liquidez. Ni un peso, siquiera. Apenas para la renta. Eso sí, que el lugar estaba muy bien ubicado. A cien metros del malecón.
Entonces, como salvación, mi hermano Jehú que trabajaba en Obras públicas, me brindó su apoyo. Ahí trabajaba él como mecánico automotriz. Siendo él mecánico, ya puedes guardar proporción de cuánto ganaba él a la quincena, y cuánto me prestaba a mí para que hiciera el negocio. ¿Cuánto le calculas? Él ganaba mil quinientos. Me daba algunos trescientos pesos. Así por dos tres meses me estuvo prestando dinero. Íbamos a ser socios… Bueno, pues ya teníamos el local.
Estaba la palapa, pero, otro problema: no había bardas. Estaba apenas una incipiente bardita, casi los puros cimientos, que dividían el lote por un lado. Del otro lado había una cabañita de cartón, de masonay que era el material de construcción que se utilizaba antes, la cual no estaba incluida en la renta, y ya en el centro, estaba la palapa. Pero yo tenía que independizar el local. ¿Cómo le hago?... Si no tenía dinero para hacer la barda que tanto necesitaba, yo que me la pasaba ahí en las tardes, pues, le estuve pensando, y se me ocurrió, pues bueno, voy a trenzar muchas varas. "Voy a hacer un cerco de varitas. Salimos al monte y cortamos muchas varas de palo de arco, ese que da unas flores amarillas muy bonitas. "
Comencé a hacer el cerco, y en el momento en que lo estaba haciendo, recuerdo muy bien que se me ocurrió hacerle un semicírculo al fondo, para que fuera una especie de escenario. El teatro, al modo, nunca me ha abandonado. Como templete pusimos dos o tres javas de plástico refresquero, que junto con un banco de madera y un micrófono, constituirían el primer mini escenario del local.
Con partes de varias guitarras, Paco Merino armó una, hechiza, y me la regaló para que inaugurara el local… el nombre surge cuando yo estaba platicando con Toño, mi hermano, y le decía ¿cómo le pondré? Yo estudiaba en la Universidad, y pensaba en las culturas sudcalifornianas, en los Guaycuras, en los Cochimíes, en los Pericúes… ¿Rincón Guaycura, tal vez? ¿La Cueva de los Guaycuras? ¿De Los Cochimíes? Entonces el Toño mi hermano me dice: ya, Poncho, déjate de cosas y ponle
“Las Varitas”.
¿no ves que son puras varitas?. No, pues sí es cierto, dije.
Sí son puras varitas. Además el nombre es suave… está en diminutivo… no es agresivo. Y lo dejamos así. Así quedó.
Pero esto era una taquería, vendíamos tacos aquí, y teníamos un permiso para la venta de cerveza. Para bar. Así empezamos, pero yo no pensaba quedarme a vender tacos, nada más. Ya tenía muchos años haciendo teatro, con toda la inquietud de la actuación, y surge la natural necesidad de darle algo más que tacos a la gente, y pensábamos montar obras de teatro aquí en el bar, y empezamos a invitar a artistas. Ahí fue donde invitamos a mi hermano Julián Vázquez, y al Chino, de pelo lacio y ojos jalados que de carrilla le decíamos la muñeca.
Así fueron los orígenes ahí, pero fue por la necesidad de darle mucho más a la gente. No íbamos a ser felices nada más vendiendo tacos… había que ofrecer algo mas… artístico, y empezó a cantar Julián y a tocar la guitarra el Chino Lorenzo, y después entra el Manuel Cadena. En aquella época, éstos y los demás chavos, en la plenitud de su juventud, andaba llenos de mujeres, de carros… de euforia por la vida.
El Manuel Cadena y yo nos quedamos en una etapa más como de bohemia, de trova y de canto nuevo… esto ya era una peña… empezamos a leer poesía a micrófono abierto y se empezaron a agregar los grupos de alumnos y de maestros de la Universidad que nos iban a visitar, e incluso ellos también hacían lectura de poesía… Graciela Sánchez Mota, Pepe Borges, Blanca Olivia Peña, Luis Herrera, María Eugenia Altable… Jorge Salgado, que se agarró a golpes con el Tarro, el bajista… Arturo Medellín, Víctor Bancalari… Edmundo Lizardi estuvo, pero ya cuando regresó de sus viajes, allá por los años ochenta y ocho u ochenta y nueve, de cuando era corresponsal o reportero de La Jornada. Neto Adams también estuvo por aquí…estuvo también Joel Arellano, el Nayo Arellano, Raúl Virgen… excelentes músicos y cantantes, independientemente de los demás dones artísticos que los envuelven… Alejandro Merino y Daniel “El Socio” Hernández, siempre tuvieron presencia ahí. Han estado con nosotros Carlos Rivas, José Luis García el Quinn, Elvis Espino que fue casi el primer roquero de aquí, Daniel Tuchmann, Roberto Ponce de León, Sonia, Júnior, Rubén Barranco, Miguel Salgado el Tarro, Benito Núñez, Roberto Ojeda el Pingüi, El Abuelo Abarca, Luís Antonio de Ibarra, el Willi, Manuel el Zurdo, Salvador González, Juan Flores, Samantha Rae, Adriana, Toño, el Tiki, el Kiko…en fin…
Pero desde el inicio de Las Varitas, el primer homenaje a John Lennon lo hizo Luis Herrera, con una guitarra acústica…
Anteriormente, Luís había dado un concierto en el Museo de Antropología e Historia en mil novecientos ochenta y dos, y en el ochenta y tres, lo hizo aquí, en Las VaritasEn el segundo homenaje, aquí en el bar, fue cuando entró el grupo California… Ya se habían dado algunas vueltas por aquí El Tarro y El Beni… Se oía en la ciudad que había algún lugar donde se juntaban algunos músicos, y … llegaron ellos dos, y se pusieron a improvisar algunas rolas de Los Beatles, así, con guitarras… subió el Beni a palomear… el Tarro… el Benyi… y el fin de año, los invitamos al homenaje a Lennon, que era el segundo que se hacía en Las Varitas a cuatro años de la muerte del Beatle. Hasta la fecha le seguimos rindiendo homenajes a "John Lennon, que murió en mil novecientos ochenta, y su figura parece agigantarse con los años, debido a lo inconmensurable de su talento y a su habilidad para definir nuevos caminos para la música y definir, de hecho, un estilo de vida que ha persistido hasta nuestros días. Su voz, fue la voz de la juventud, una voz que hablaba de libertad, de establecer un puente entre las brechas generacionales".
Lennon dijo el último día de su vida que “todo lo que vale la pena en este mundo, se puede reducir a una sola cosa, y eso es el amor”… creo que este es el por qué de los homenajes que año con año le brindamos en Las Varitas.
El arte, la poesía y la música, de alguna manera ya habían permeado en el ámbito del local y en nosotros mismos… sucede también que en toda esta parafernalia alrededor de Las Varitas, en esta vorágine, de repente me encuentro con que… esa cotidianeidad me absorbe tanto, porque absorben tanto Las Varitas, que es como la adrenalina de los toreros para mí… como jugarte la vida cada día… desde los golpes hasta los balazos… me pasó cuando tenía veintiséis años, hubo una descarga de ocho disparos, algunos que me pasan cerca de la cabeza y otro se impacta en mi pierna… o de una persona que esta a tu lado herido… con mas de cuatro balas en el cuerpo… todo eso pasa en segundos y detienes el instante lleno de fuego, me acuerdo, y rapidísimo todo, lo único que te hace es que creces como ser humano, sin rencores… aprendes a perdonar… a ver que la vida tiene otro sentido, no absurdo… aprendes a vivir y a dar gracias, sin guardar ese sentimiento desgastante, que cansa… confías mas en la vida, en la estrella… en tus sueños. Ha habido de todo… pues ese tipo de vida tan rápida y tan excitante, de repente te va involucrando… implosionando.
Es así, te decía, que en todo esto, también como he encontrado los amores mas grandes en Las Varitas, también me han abandonado los amores… se va quedando la semilla que son tus hijos, entonces esos amores te hacen vivir y seguir adelante, de por sí te mantienen vivo, con la esperanza de ser mejor cada día, para dejar un legado cuando menos de trabajo, de optimismo… porque sí me ha costado perder amores así… por ese otro amor, por esa obsesión que es tu vida personal, pero a veces las mismas condiciones de tu vida te hacen no guardar ese equilibrio, tus mismas circunstancias de supervivencia unas veces, otras veces la obsesión de querer trascender en el alma de otras personas te va echando a perder un poquito las buenas intenciones, las buenas relaciones, las buenas costumbres que hay en la sociedad con tu pareja… a veces el amor no tiene que ser fiel, sino mas bien leal… siempre he sido leal, no he traicionado a nadie en ese sentido… pero lo puedo comprender porque son cuestiones viscerales… el amor duele y a veces es visceral; el corazón es una víscera… recuerdo al profesor Amadeo Peralta que nos puso una frase en el pizarrón que decía que el corazón tiene razones que la razón no entiende, y es cierto, porque a veces la pasión se desborda y la razón no es otra mas que la del corazón… Después, cuando pasaron los años y yo me encuentro sumergido en la bohemia de los tragos y los amigos, empecé a sentir que la vida realmente iba pasando; decidí que tenía que entrar en una nueva dinámica empresarial. Renovar. Porque ya ese modus vivendi era mi destino. Ya estaba ahí, puesto, y nadie me iba a quitar de ahí. Hasta la fecha. También tuvo mucho que ver mi relación compacta con mi familia… tener que solventar las necesidades económicas… los hijos… y todo lo que te hace madurar… Bueno, pero también en ese tiempo, te decía, yo no tenía una visión real de lo que es la actividad empresarial, la que realizaba por necesidad y por pura intuición, pero se fue dando que yo ya no podía estar trabajando de manera rudimentaria.
No podía estar así y fue en el ochenta y siete donde hay un boom económico de Las Varitas, que desde luego, guardando toda la proporción no es tanta la cantidad, pero sí es lo suficiente como para comprar parte de la propiedad. Cuatro años después es cuando empiezo a sentir un poco el movimiento empresarial… y para los años noventa, es cuando inicio la gran transformación, que estuvo muy criticada por mis amigos los intelectuales, los músicos, los maestros universitarios que iban ahí. Algunos radicales se quejaban un poco porque decían que no era lo mismo, que no eran las mismas inversiones de siempre, pero yo ya estaba entrando en otro tipo de dinámica; estaba pensando en los movimientos para adecuar las condiciones de la empresa.
Ya habíamos dado un salto en cuanto a la música, primeramente de trova, de la canción de protesta, al canto nuevo. El canto nuevo es una fusión de ritmos que van desde el son hasta el rock, y en esa fusión decidimos irnos por el camino del rock, porque ya teníamos afición por él, desde los homenajes a John Lennon, aunque observaba seriamente que las condiciones físicas del local no eran las adecuadas para que se tocara rock. De ahí que hicimos las remodelaciones necesarias, y es a partir de entonces cuando puede verse la rápida transformación de lo que podía ser, de una pequeña o micro empresa, a una mediana empresa, hablando en términos de mercadotecnia. Es en los años noventa cuando hay un crecimiento acelerado del éxito Las Varitas, porque empezamos a rebasar, a estar a la vanguardia de empresas que durante muchos años se veían muy fuertes. A finales de los noventas, creo que por el noventa y siete, trajimos a Analy, una cantante que había ganado el festival OTI unos años atrás, y fue el primer sello profesional que sentimos, la primer persona que nos exigió un nivel mayor de excelencia en cuanto a las condiciones técnicas para el desarrollo de un espectáculo profesional… fue ahí donde también nos dimos cuenta de que carecíamos de muchas cosas básicas, que poco a poco se fueron solventando… Y continuamos con esa propuesta de traer artistas nacionales, y nos trajimos a un grupo de rock buenísimo, que no tenía un gran nivel de aceptación en cuanto a las masas, pero sí una gran calidad, como es La Castañeda, un espectáculo inolvidable que nos dejó impactados, sobre todo, por la capacidad de transformación que tienen esos chavos sobre el escenario, donde ya están relajados antes de subir a escena, y luego aquella efusión artística tan de alto nivel, que tiene La Castañeda… eso fue muy importante para nosotros porque nos dio chance de ver nuestras deficiencias, además que nos ayudaron a corregir dos o tres fallas en nuestros sistemas… ya empezamos a avanzar ahí mas… después viene La Lupita, Eric Rubín, Caos, La Cuca, Rostros Ocultos, La Gusana Ciega, Kass, El Gran Silencio, La Maldita Vecindad, Inspector, Panteón Rococó, Julieta Venegas, Molotov, etcétera, hasta nuestro último espectáculo con Los Enanitos Verdes…
Cuando menos piensas, de pronto son años, como dice Milanés. Andamos sobre los veintidós ahora en junio, y das un vistazo atrás y son diecisiete años cuando entonces me dije, ¿Qué es lo que quiero? Si me voy a dedicar a esto pues hay que hacerlo bien… hay que hacerlo bien porque está pasando la vida aquí… y es un poco mas de lo normal, no es algo muy común el trabajo nocturno… es desgastante físicamente.
La oscuridad te aísla un poco de todo… toda la gente vive de día y como para ellos la luz es la esencia de su razón, para mí la luminosidad es nocturna… la noche está llena de luz, de color, de energía, de fantasía y de magia, también. Es mágica la noche porque allí se revierte todo. Y curiosamente en esos momentos oscuros de Las Varitas, para rescatar esa crítica que me hacían los amigos intelectuales de aquella época, y tratarla en el sentido de mi optimismo, hice una frase comercial, por cierto que se volvió un eslogan para Las Varitas de la que algunos amigos que me quieren mucho, dicen que tiene un toque poético, pero está creado en un momento crítico en que necesitaba levantar Las Varitas moral y económicamente. Había perdido una de las mejores bandas de rock que habíamos formado que era el grupo Somos, que se había ido a uno de esos lugares de moda que había en ese tiempo que se llamaba Old West, y bueno, pensé, vamos ha hacer una publicidad, y pusimos esa frase que dice:
“De la nada un lugar, de la noche Las Varitas, de Las Varitas La magia del rock”
Y si caló en la conciencia de la gente, porque en realidad tenía ritmo, tenía sentido, tenía algo de realidad. Siempre tuvimos la ilusión de un lugar donde la gente pudiera desbordar ese espíritu de libertad, de juventud, de que empezara a irrumpir en un escenario para el encuentro, que la noche fuera así una libertad que se sintiera hasta en la forma de bailar, en la forma de ser. Un lugar donde sean ellos mismos, que sueñen, que canten, que bailen… y la gente así es, los sudcalifornianos así somos, tenemos ese sentido por lo natural, lo simple, lo sencillo… y empezaron a subirse a aquellos bancos que yo había cread para que pudieran cenar ¿no?, empezaron a subirse a los bancos, a las mesas de Las Varitas que resultaron bastante fuertes para aguantar aquella fuerza juvenil, aquellos embates que fue la novedad, bailar en las mesas y en los bancos, y en esos momentos era una rebeldía para los años ochenta, y que no te dijera nadie nada. Que no te bajaran. ¡Síguele!... Me encantaba que siguieran bailando porque le daba buen ambiente y la gente estaba feliz ahí. La gente quiere ser… quiere ser notada, no en esa cotidianeidad de la vida rutinaria, mundana, de la sociedad, normal… y de repente te ves en un bar, y estás bailando en la mesa y eres tú con tu felicidad, con tu expresión, con tu alegría desbordada, con tu momento de gloria que todos tenemos en alguna parte de nuestra vida, y ahí, en la noche, todos los días lo podemos lograr… y lo siguen logrando…
¿Expansión?... Fíjate que yo tuve la intención de desplazarme a Los Cabos desde el noventa y tantos y gracias a Dios hemos podido salvar algunos contratiempos y lo logramos. No he quitado el dedo del renglón para crecer hacia San José del Cabo, Puerto Vallarta, Mazatlán, pero hay que crecer un poco mas para poder llegar allá, y no me gusta aventurarme al fracaso, pues ya tengo ese sentido, esa intuición de no arriesgar ni a mi gente, ni a la trayectoria de Las Varitas así, en una aventura en la que el porcentaje del fracaso pueda ser alto…
¿el éxito? Es interesante porque esa gran parafernalia que hay de trabajo, de historia, de leyenda, de mitos de Las Varitas, de críticas, de buenos comentarios, de todo alrededor de Las Varitas, te distrae un poco de las cuestiones esenciales de la vida, que es el amor. Y sí es cierto, pero, también, si de alguna manera le pudiéramos llamar éxito a lo que hemos hecho a través de los años con Las Varitas, es que he sido yo mismo, pues he hecho lo que he querido conforme he podido vivirlo. Y así ha sido, para las condiciones materiales de mis orígenes, creo que estamos bien, porque a veces, el hombre es producto de las circunstancias, pero también es el único capaz de transformarlas.
Primero hay que cambiar, hay que transformarse uno, como ser humano, para poder transformar la realidad a tu alrededor… el hubiera no existe, pero en dado caso de mi ausencia física, hemos estructurado un equipo de trabajo que, un vez no estando yo, si lucharían por lo menos por permanecer, y estoy seguro que sí lo lograrían… de hecho, hay veces que me pierdo dos o tres meses del bar, cuando estoy saturado, que necesito creatividad, me escabullo, regreso, y me encuentro con que las cosas marchan bien, porque hay una estructura administrativa y operativa sólida. Ya no es mucha vida la que me queda de rock and roll, pero si logro perdurar unos ocho o diez años, tenemos metas por cumplir.
De hecho, si las cosas se dan como hasta ahorita, yo te garantizo unas Varitas antes del dos mil siete, no sé si en San José del Cabo, Mazatlán o Puerto Vallarta. La apertura de un bar, la queremos fundamentar bien, desde sus cimientos, legalización, propiedades, inversión… En la cuestión de impulsar valores como es el caso de la producción del disco Las Varitas III, nos dice que: …ahí hay que reflexionar bien, para no quedar como falsos… esas cosas se van dando… vas conociendo la música, vas conociendo los sentimientos de la gente y las ganas de querer trascender… Quiero que los jóvenes trasciendan ese momento que están viviendo, y lo hagan a través de un disco compacto, que en él dejen toda la frescura, la intensidad y el color de ese momento… el trabajo de los jóvenes, no siempre es excelente, la verdad, pero como artistas están obligados a dar mucho mas de sí mismos… yo creo que uno se refleja en ellos, se refleja en los jóvenes, te ves reflejado en esas ganas de querer dejar algo… tienes que admirar el aprendizaje de esa gente, que son muy creativos… y es otra forma de vivir y de sentir… de ser artistas… ellos viven diferente, los artistas viven diferente, siempre…algunos no se dan cuenta de que son diferentes… temperamentales… hasta agresivos, violentos, sentimentales… pero siempre diferentes a los demás… y de ahí en fuera, yo siempre he querido entender la necesidad imperiosa que tiene el artista de dejar algo… de trascender a los demás con su arte, con su trabajo y por eso es que hemos decidido nosotros, grabar el tercer disco de Las Varitas, que si bien, no representa un éxito económico, sí es algo que queda para la posteridad… A los jóvenes les digo que creo que hay que prepararse y pensar que la suerte no existe, hay que ganársela… estudiando, trabajando… la escuela, la Universidad te enseña mucho, pero la vida, el aprendizaje cotidiano te va preparando, te va dando oportunidades que, si estás preparado, las vas a tomar… si realmente estás preparado vas a conciliar ese éxito.
si algún mensaje le diera yo a la juventud, sería ése: que se preparen, que observen la vida, que como en el buen jazz improvisen; la sorpresa es parte del éxito, y la improvisación es parte de la sorpresa, dicen que la capacidad de sorpresa se está perdiendo, pero siempre hay la posibilidad de sorprender a alguien, ofreciéndole algo diferente, y los jóvenes tienen ese instinto natural de sorprender a la gente.
Para concluir esta charla, Alfonso nos hace una última reflexión: Al final de cuentas, me quedo con lo mas bonito que me ha dado la vida: los hijos… Así, absortos en los recuerdos, nos quedamos con esta charla motivante y llena de reflexiones con este gran amigo, que ya forma parte de la nueva historia y del mito social que siempre envolverá la bohemia sudcaliforniana, en un lugar de la noche llamado “Las Varitas”, que queda contra esquina de nuestros recuerdos y a pocos acordes roqueros de nuestros alegres desvelos.
¡Salud! |